Igualdad de género

Para las mujeres jóvenes de África Occidental es difícil encontrar un empleo. Mantenerlo una vez que forman una familia puede ser aun más difícil.

DAKAR (OIT Noticias) – “Al terminar mis estudios de postgrado, superé con éxito los exámenes de admisión en la administración pública. Fui contratada como asesora en un ministerio.”

La carrera profesional de esta joven mujer de Dakar (que llamaremos Kh F para mantener su anonimato) comenzó con buen pie en Senegal, su país natal. Sin embargo, las cosas empeoraron dos años más tarde, cuando se casó y tuvo su primer hijo.

La vida de Kh F cambió: “Tenía que levantarme a las 5 a.m. para llevar a mi hija a casa de mi madre y luego ir a trabajar”, contó. “Regresaba a casa alrededor de las 9 p.m. y tenía que preparar la cena. Nunca me iba a dormir antes de la medianoche.”

Bajo esta presión, Kh F comenzó a cometer errores en el trabajo. En el hogar, tenía que enfrentar a un marido enojado quien le reprochaba que no dedicaba tiempo suficiente a cuidar de él, de su hija y del hogar. Kh F sufrió una depresión y su matrimonio terminó. Fue sólo gracias al apoyo de un sindicato que logró mantener su empleo.

“¿Porqué tenemos que elegir entre nuestro trabajo y nuestra familia? Es tan injusto”, se preguntó.
La historia de Kh F es compartida por muchas mujeres en todo el mundo. Ellas no tienen acceso a la licencia de maternidad retribuida antes y después del parto, y siguen enfrentando despidos y discriminación porque están, o podrían quedar, embarazadas. Las mujeres con frecuencia se ven obligadas a interrumpir sus carreras profesionales o a reducir sus jornadas laborales si los servicios sociales, el transporte público, la licencia de maternidad y los servicios de guardería son inexistentes, o inadecuados. Y si los hombres no asumen una parte equitativa de la responsabilidad en las tareas del hogar, la situación es aún más difícil para las mujeres.

Esta discriminación se extiende más allá de la maternidad. Por ejemplo, en África Occidental, la participación de la fuerza de trabajo es inferior entre las mujeres jóvenes que entre los hombres jóvenes. Los datos de la agencia nacional de estadísticas muestra que en Senegal hay 1,13 más veces mujeres en edad de trabajar que hombres, pero su tasa de desempleo es más alta (14,1 por ciento para las mujeres frente a 9,9 por ciento para los hombres).

Un reflejo de la sociedad

La combinación de pobreza, desempleo y subempleo hace que las mujeres jóvenes sean especialmente vulnerables. La desigualdad comienza con el acceso a la educación y a la formación profesional, y proviene de modelos sociales basados en la distribución desigual de roles y recursos entre los hombres y las mujeres. Si bien en la actualidad, un número mayor de mujeres cursan estudios superiores, la discriminación de género con frecuencia influye en las prácticas de contratación.

Muchas mujeres jóvenes son encaminadas hacia ciertos sectores de la economía que las colocan en un peldaño inferior de la escala profesional. Las estadísticas de la OIT muestran que, como en la mayoría de los países de la región, las mujeres en Mali, Nigeria y Senegal trabajan principalmente en la agricultura y en la cría de ganado, la venta al por menor, la manufactura y el servicio doméstico. En cambio, otros sectores de la economía están fuertemente dominados por los hombres, como la construcción, el transporte, la pesca, los bienes raíces y la administración pública.

Esta falta de representación de las mujeres es aún más evidente en el sector privado. En Senegal, por ejemplo, los datos estadísticos nacionales muestran que 1,4 por ciento de las mujeres están empleadas en la administración pública frente a 3,7 por ciento de los hombres. En el sector privado, la proporción es de 7 por ciento de hombres frente a 3,2 por ciento de mujeres. Sin embargo esta tendencia se invierte entre los trabajadores independientes y los trabajadores domésticos, con una proporción mucho mayor de mujeres (92,3 por ciento) que hombres (18 por ciento).

Además, en toda la región, los hombres están mejor remunerados que las mujeres. La disparidad salarial algunas veces es enorme: en Benin, los hombres entre 15 y 29 años ganan 35 veces más de lo que ganan las mujeres de ese grupo de edad.

Necesidades concretas

La igualdad de género en el lugar de trabajo no sólo es un derecho humano y un componente de la justicia social, también es esencial para el desarrollo económico. Un número cada vez mayor de estudios muestran que la erradicación de la discriminación tiene un impacto positivo sobre el ingreso nacional y la productividad de las empresas, la capacidad de innovar y la rentabilidad.

Permitir que las mujeres se beneficien de condiciones de trabajo decente, así como tener hijos y cuidar de ellos, significa garantizar que las mujeres tengan las mismas oportunidades de formación y estimularlas a que se encaminen hacia las llamadas carreras masculinas antes de que entren en el mercado laboral.

La entrada masiva de mujeres jóvenes en el mercado laboral hace que la protección de la maternidad sea esencial. La ratificación e implementación del Convenio sobre la protección de la maternidad de la OIT, 2000 (núm. 183)  por todos los Estados de la subregión sería un paso en esa dirección y representaría un importante avance.

Este artículo es un resumen del reportaje especial escrito por Fatime Christiane Ndiaye para la revista Trabajo decente , publicada por la OIT en Dakar.

Fuente: http://www.ilo.org/

Esta publicación fue mencionada sin realizarle modificaciones, indicando su fuente original.

Esta publicación está hecha con fines académicos y de difusión del tema.

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